ITALIA: PATRIMONIO EN PELIGRO

El patrimonio artístico de Italia pide ayuda por su grave deterioro


La Razon, 2 de septiembre de 2005


Una campaña intenta recaudar fondos y concienciar a los ciudadanos para frenar la degradación de las obras de arte ante la indiferencia del Gobierno El valioso patrimonio histórico y artístico de Italia está en peligro. Ante las críticas internacionales y la impasibilidad del Gobierno de Berlusconi, una fundación privada ha lanzado una campaña para dar la voz de alarma y concienciar

Roma- El «David» mutilado, la «Última Cena» sin Jesucristo. Imágenes terribles para despertar la conciencia ciudadana. Se trata de una campaña de choque, de un intento desesperado de que los italianos se hagan cargo de la fragilidad de su mayor capital y principal recurso: el arte. Asociaciones sin ánimo de lucro, círculos académicos e incluso un ex-ministro de Cultura del Gobierno Berlusconi llevan meses poniendo el grito en el cielo, pidiendo fondos con los que hacer frente a la «emergencia» que sufre el patrimonio cultural italiano. Se han utilizado las caras más conocidas (obras de Miguel Ángel, Leonardo…) para lanzar la alarma, pero los expertos explican que el riesgo es mucho mayor en las «obras menores», en las miles de iglesias, baptisterios, lienzos, esculturas… en las inagotables maravillas repartidas por la geografía del «belpaese», que sufren la mordida del tiempo, del descuido, la contaminación y el vandalismo. La asociación independiente «Patrimonio SOS» mantiene un informe actualizado de las obras en peligro. Un dossier que ha alcanzado ya las 800 páginas, un listado de calamidades de cuya triste comparecencia no se salva ni una sola de las regiones de la República Italiana.

«Shock» para la conciencia. «Città Italia», la fundación que ha ideado la «campaña shock» lanzada para despertar conciencias, ha preferido desmarcarse de las envenenadas disputas políticas, exigiendo que sean los ciudadanos quienes acudan a salvar el arte, ya que la Administración y la Iglesia no consiguen abarcarlo todo. Su secretario general, el doctor Ledo Prato, explica a LA RAZÓN que la campaña (que ha hecho mucho ruido dentro y fuera de Italia) no pretende ser una crítica contra la labor del Gobierno o la escasez de fondos puestos a disposición de la conservación y restauración. «Nuestra campaña va por otro lado y pone las tildes sobre dos aspectos concretos. Primero, nosotros decimos que para tutelar el patrimonio artístico en toda Europa, y especialmente en Italia, es necesario tomar medidas mucho más amplias que las que puede aportar la política», asegura Prato. Y explica que «hay que inmiscuir a los ciudadanos, hay que hacerles conscientes de que se necesita una participación activa, una colaboración económica, similar a la que se dedica en otros campos».

Con su «segunda tilde», Prato pretende extender su iniciativa al resto del mundo. «Necesitamos la ayuda de todos para conservar nuestros tesoros, una participación directa de todo el mundo». La campaña, explica, ha dado ya sus primeros frutos y las donaciones están afluyendo abundantes desde EE UU, Gran Bretaña, Japón, Alemania… «La idea pasa por asociar otros países a esta iniciativa, que está teniendo un enorme éxito en Italia. Queremos incluir un país cada año y España está entre los primeros candidatos», argumenta.

En colaboración con el Ministerio de Cultura, la Fundación «Cittá Italia», ha puesto los fondos provenientes de las donaciones a disposición de 14 provincias, donde las labores de restauración están ya en curso.

El Patrimonio Artístico es una de las grandes preocupaciones del Gobierno Italiano y uno de los frentes en los que la oposición ha conseguido hacer sangre. El anterior ministro de Cultura, Giugliano Urbani, ofreció el verano pasado una entrevista al diario «Corriere della Sera» en la que aseguraba que si se mantenían los presupuestos previstos habría que cerrar la Galería de los Ufizzi de Florencia. «Si no se cambian las previsiones habrá que cerrar museos y áreas arqueológicas. Para que nos hagamos una idea, a este paso tendremos que pensar en el cierre total o parcial del museo de los Ufizzi», aseguró, poniendo su cargo sobre la mesa. «No pienso asistir impotente al suicidio», amenazó Urbani, que abandonó su cartera al inicio de la primavera.

Quejas. Como viene siendo habitual, las quejas más contundentes llegan desde el extranjero. Todos los diarios trasalpinos se hacían eco ayer de un artículo violentísimo aparecido en el rotativo británico «The Guardian», en el que se aseguraba que «un tercio del patrimonio cultural italiano, que supone el 60 por ciento del mundial, están en estado de emergencia, pero el Gobierno de Silvio Berlusconi no tiene intención de aumentar los fondos».

Los ciudadanos italianos, acostumbrados a vivir rodeados de joyas arquitectónicas, no encajan bien las críticas que llegan desde el extranjero. «En Suecia me llevaron dos horas en un autobús para ver cuatro piedras, que tienen menos valor que la casa donde vivo, que es de 1400. En Roma estamos en contacto directo con la historia del arte y en cada rincón, hasta en los patios con gallinas, incluso en las esquinas donde se mean los borrachos, hay una piedra que tiene más de dos mil años. Si las cuidásemos como los suecos cuidan sus cuatro monumentos no podríamos hacer otra cosa en todo el día. Es verdad que se podría hacer mejor. En Roma tenemos sólo dos líneas de metro porque no es posible excavar sin encontrarse una nueva joya. Eso lo pagamos los romanos cada día y ustedes han de ser comprensivos», explica Leonardo Scilli, arqueólogo de la capital

El Coliseo, ¿en venta?

Para sanar su deuda pública, cumplir la promesa de bajar los impuestos y hacerse con fondos para otras áreas, el Gobierno de Berlusconi llegó a plantearse la posibilidad de vender el Coliseo y otros emblemáticos monumentos, o cederlos durante largos periodos a empresas privadas. El anuncio causó tal revuelo en el país que la Administración corrió a desmentirlo. Finalmente la «financiación creativa» lanzada por el anterior ministerio de Economía no consiguió embolsarse una cantidad millonaria por el Anfiteatro Flavio, ni por la Fontana de Trevi, pero sí que se ha desecho de otras joyas del patrimonio que han pasado a manos privadas. La Ley de Bienes Culturales, aprobada el pasado año, permite la compra de monumentos considerados «menores» que se encuentran en situaciones ruinosas y que sólo el dinero privado podría salvar. Algunos ciudadanos consideran que se trata de un modo original de salvar el patrimonio y evitar las pérdidas de fondos públicos. «El Estado no puede mantener en buenas condiciones el innumerable patrimonio arquitectónico y es mejor que ceda a manos privadas aquello de lo que no puede hacerse cargo», asegura a LA RAZÓN un portavoz del ministerio. Arqueólogos, historiadores y miembros de la oposición lo ven de otra forma. «Estas medidas son un varapalo para el concepto de bienes públicos de interés cultural», decía Sauro Turroni, de Los Verdes. «Las empresas privadas buscan un interés económico. ¿Qué garantías hay de que respetarán el valor artístico de un monumento?», se preguntaba Nicola Spinosa, responsable de los museos de Nápoles. El Gobierno no da alternativas: o en manos privadas, o en ruinas.

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