ElMundo.es, 12 de septiembre de 2003
Son cabras, ciervos y caballos pintados con puntos
EFE
El Museo de Altamira ha descubierto en una cueva situada a
apenas 2,5 kilómetros del famoso santuario de los bisontes un
pequeño conjunto de animales pintados hace unos 20.000 años y un
yacimiento que ayudará a reconstruir los cambios climáticos
sucedidos al final de la última glaciación y cómo los
cazadores del Paleolítico se adaptaron a ellos.
Esta cueva del pueblo de Oreña, llamada Cualventi, es una de las
tres situadas en los alrededores de Altamira que el equipo de
José Antonio Lasheras, Pedro Rasines y Ramón Montes va a
explorar a lo largo de los próximos cuatro años para recopilar
todo tipo de datos sobre el clima, la fauna, la vegetación y las
actividades humanas con los que completar el puzzle que dará
idea de cómo era la vida de los hombres que pintaron la 'Capilla
Sixtina del arte paleolítico'.
Cualventi ya fue excavada en la década de los 80 por Miguel
Ángel García Guinea, cuyos trabajos ofrecieron una primera
aproximación del potencial del yacimiento situado a su entrada,
bajo un gran abrigo rocoso, y sugirieron que en su interior
podía haber alguna manifestación de arte rupestre.
Los trabajos de este verano han confirmado esa sospecha y han
descubierto dos conjuntos diferentes: unos grabados de unos
14.500 años, casi coetáneos a los bisontes de Altamira, que
representan tres cabras y una cabeza de cierva; y una cabra, una
cierva y un caballo pintados hace 20.000 años en una galería
cuya entrada quedó luego sellada por desprendimientos y
depósitos de tierra.
Ramón Montes ha explicado que esas pinturas no son las más
antiguas que se han documentado en la Cornisa Cantábrica, pero
sí corresponden al momento en el que los hombres del Paleolítico
dejan de pintar signos abstractos y comienzan a decorar las
paredes de las cuevas donde habitaban con los animales a los que
daban caza.
Tres momentos de intenso frío
Además, estas pinturas tienen una técnica peculiar, puesto que
los animales no están dibujados con trazos continuos, sino a
base de puntos. Hasta hace unos años se pensaba que esta técnica
de tamponado sólo se había empleado en las cuevas de la cabecera
del río Asón, en el oriente de Cantabria, pero recientemente se
ha descubierto en El Pendo, en la bahía de Santander, y su
presencia ahora cerca de Altamira confirma su extensión por el
territorio.
El yacimiento que está a su entrada tiene dos testimonios de
presencia humana, un estrato de unos 11.000 años de antigüedad y
otro de más de 14.000, separados por cuatro metros de depósitos
correspondientes a 3.000 años en los que nadie vivió en la
cueva.
Lasheras, director del Museo de Altamira, indicó que estos
depósitos generados en ausencia del hombre tienen también gran
interés, porque están llenos de huesos de pequeños animales, de
restos de vegetales y de polen fosilizado con cuyo estudio se
sabrá cómo era la flora y la fauna de la zona y cómo cambió el
clima.
Montes apuntó que este depósito es especialmente importante, por
que en él hay testimonios de los tres momentos de intenso frío
que se produjeron entre hace 14.000 y 10.000 años, cuando los
hielos polares que habían cubierto casi toda Europa hasta poco
antes habían comenzado a retroceder para dejar paso a climas más
templados.
El yacimiento de restos de actividad humana más antiguo excavado
se ha datado en 14.200 años y está lleno de utensilios de hueso
y piedra, restos de ciervo y, sobre todo, de conchas y mariscos,
lo que confirma que los hombres de Altamira encontraron en el
mar su gran despensa cuando el frío glaciar arreció y la caza
comenzó a escasear en sus alrededores, según explicó Ramón
Montes.